Esta realidad plantea a los profesionales de la salud el desafío constante de actualizar sus conocimientos y competencias, en un contexto donde la formación continua se ha vuelto indispensable. Sin embargo, los formatos tradicionales basados en congresos, jornadas y reuniones multitudinarias han saturado las agendas, generando una sensación de fatiga y reduciendo, en muchos casos, la motivación y la eficacia del aprendizaje.

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